El mes de Elul

Elul: volver es continuar

Elul y Teshuvá
Elul (אלול) es el sexto mes del calendario hebreo cuando contamos desde Nisán. Tradicionalmente se ha convertido en un periodo de preparación para Rosh Hashaná y Yom Kippur y, especialmente, en un tiempo asociado con la teshuvá (תשובה).
Se comete el error de traducir teshuvá como «arrepentimiento», pero tal traducción es erronea y destruye el concepto. Teshuvá proviene de la raíz hebrea שוב (shuv): volver, retornar.
En este mes, es bueno y didáctico preguntarse ¿hacia dónde estoy yendo y hacia dónde quiero volver?
Pero sólo estar pregúntandose y reflexionando es inutil. Y todavía lo es cuando estamos reflexionando acerca de palabaras que describen el movimiento. Una reflexión que no modifica nuestras acciones todavía está incompleta.
Hay que comenzar haciendo una distinción importante: la Torá no llama Elul a este mes.
Los nombres con los que actualmente conocemos los meses hebreos pertenecen a una etapa posterior de la historia de Israel y reflejan la influencia del entorno babilónico. El nombre Elul aparece ya en textos posteriores del Tanaj, por ejemplo en Nehemías 6:15.
Esto resulta interesante porque nos permite observar cómo funciona una tradición viva. No todo lo que hoy identificamos con Elul apareció simultáneamente. Con el paso de los siglos fueron acumulándose diferentes capas de interpretación: Tanaj, Mishná, Talmud, costumbres, Cábala, crítica textual, etc.
Reconocer estas capas no debilita la tradición. Al contrario, nos permite estudiarla sin confundir texto, historia e interpretación.
Una tradición también cuenta la historia de las preguntas que distintas generaciones hicieron sobre los mismos textos. Y las preguntas que aún hoy nos hacemos.
La tradición relacionó este periodo con los acontecimientos posteriores al becerro de oro. Según la cronología rabínica, Moshé ascendió nuevamente al Sinaí al comienzo de Elul y permaneció allí cuarenta días, descendiendo en Yom Kippur con las segundas tablas.
La imagen resulta muy curiosa: las primeras tablas fueron destruidas, las segundas existen porque algo salió mal. Esto nos permite observar la teshuvá desde otra perspectiva.
Podríamos imaginar la perfección como aquello que nunca se rompe. Sin embargo, buena parte de la experiencia humana funciona exactamente al revés: cometemos errores, evaluamos sus consecuencias, aprendemos y construimos nuevamente. Las segundas tablas no eliminan la historia de las primeras, la incorporan.
Teshuvá no significa regresar mágicamente a un momento anterior al error. El pasado no puede deshacerse. Significa construir una nueva respuesta después de haber comprendido lo sucedido.

Ani ledodi vedodi li
Una de las asociaciones tradicionales más conocidas encuentra una alusión a Elul en Cantar de los Cantares 6:3:

אני לדודי ודודי לי

Ani ledodi vedodi li.

«Yo soy para mi amado y mi amado es para mí»

Las letras iniciales de:

אני
לדודי
ודודי
לי

forman אלול — Elul.

El Cantar de los Cantares no está explicando etimológicamente la palabra Elul. Estamos ante una lectura interpretativa posterior basada en un acrónimo. La pregunta, entonces, no es si el autor del Cantar «escondió» deliberadamente la palabra Elul, sino: ¿Por qué la tradición eligió precisamente este versículo para pensar Elul?

La respuesta puede encontrarse en su reciprocidad:

«Yo soy para mi amado
y mi amado es para mí.»

No describe una relación unilateral, tenemos una relación de acercamiento y respuesta. Desde esta lectura, la teshuvá deja de parecerse a un acusado tratando de convencer a un juez para que retire un castigo y comienza a parecerse más a la reconstrucción de una relación.
Y eso tiene consecuencias muy cotidianas. Cuando dañamos una relación, decir «lo siento» puede ser importante. Pero si nuestra conducta continúa exactamente igual, la relación difícilmente puede repararse. La teshuvá necesita palabras, pero también necesita acción.

El Rey está en el campo
Una de las metáforas más famosas de Elul afirma que durante este mes «el Rey está en el campo». La expresión pertenece a la enseñanza jasídica desarrollada por Rabí Shneur Zalman de Liadí.
Imaginemos un rey dentro de su palacio. Para acercarse a él existen puertas, guardias, protocolos y jerarquías. Pero cuando el rey sale al campo, las personas pueden acercarse directamente. La metáfora intenta describir una determinada experiencia con la Divinidad en Elul: la posibilidad de acercamiento antes de la solemnidad de Rosh Hashaná y Yom Kippur.

Pero podemos llevar la metáfora un poco más lejos. Tal vez el «campo» sea precisamente la vida cotidiana. Es relativamente sencillo pensar espiritualmente dentro de una sinagoga, o dentro un marco religioso o espiritual, o durante una festividad o mientras estudiamos Torá. Sin embargo, la prueba es después de todo eso: en casa, trabajando, conduciendo, discutiendo con alguien, administrando dinero, reaccionando ante una frustración o tomando una decisión cuando nadie nos observa. Quizá encontrar al Rey en el campo significa descubrir que el trabajo espiritual no ocurre dentro del «palacio» sino en el «campo», en la vida diaria, en lo más material y simple.

Los trece atributos de misericordia
Otra tradición relaciona Elul con los trece atributos de misericordia revelados después del episodio del becerro de oro, en Shemot 34. También se ha observado mediante mispar katan, una forma de reducción numérica, una asociación entre אלול y el número 13. La guematría puede funcionar como una herramienta interpretativa interesante, pero necesitamos utilizarla con criterio. Una coincidencia numérica no demuestra causalidad ni constituye evidencia histórica. Podemos encontrar numerosas palabras con el mismo valor numérico. La cuestión no es «¿Tienen el mismo número? Entonces significan lo mismo» No. Debemos intentar ir más allá y preguntarnos ¿Qué relación conceptual intenta construir el intérprete mediante esta coincidencia?
En este caso, la relación propuesta es entre Elul y la misericordia. Pero incluso la misericordia necesita ser examinada. Misericordia no significa negar las consecuencias de nuestros actos. Si alguien rompe algo y nosotros simplemente decimos «no importa», quizá hemos perdonado, pero todavía tenemos algo roto. La misericordia que permite la teshuvá significa que el error no tiene por qué ser el final de la historia.

¡Jodesh Tov Elul!