Declarar que uno está «en contra del Tercer Templo» puede sonar a provocación para el fundamentalismo religioso, pero es indispensable definir a qué nos referimos exactamente con esta postura. No se trata de rechazar el ideal de un mundo rectificado o de abandonar el Tikún Olam; se trata de oponernos categóricamente a la regresión ritual. Estar en contra del Tercer Templo es rechazar la idea de que la máxima aspiración del pueblo judío sea volver a construir un edificio de piedra para procesar animales, basándonos en privilegios de linajes genéticos.
Bajo esta lupa, el libro de vayikrá resulta sumamente complejo para el lector contemporáneo de la Torá. Sus textos pueden parecer distantes y muy ajenos a nuestras perspectivas y conductas modernas.
Entender estos textos hoy en día desde una óptica literal o nostálgica equivale a añorar un sistema que ya cumplió su ciclo, lo cual raya en la necedad y la desconexión histórica. En la actualidad, vemos iniciativas como el Instituto del Templo, que prepara a descendientes de leviim y kohanim para el servicio, o la crianza de parot adumot (novillas rojas) para la purificación ritual de muerte. Si bien el esfuerzo puede resultar llamativo, entraña un anacronismo profundo y, por lo tanto, una esencia fanática.
Los Templos cumplieron su propósito pedagógico y social para un tiempo y una sociedad específica. Tan pronto como fueron destruidos, el judaísmo se adaptó a la nueva realidad. Fue precisamente ese dinamismo y esa capacidad de interpretar la realidad objetiva lo que garantizó su supervivencia, influencia y riqueza intelectual. El judaísmo de la Halajá, del Talmud y de la interpretación apoyada en los acontecimientos de cada época, ha logrado un impacto mucho mayor que la estructura física de aquellos dos Templos. Debemos mirar a ese pasado con profundo respeto, pero con la plena aceptación de que ese tiempo ya fue.
En lo personal, me resulta fascinante cómo Jaza»l (nuestros Sabios de la época talmúdica) y la escuela del Rambam sostienen una perspectiva mucho más avanzada y racional que gran parte del liderazgo rabínico contemporáneo, y del judaísmo que se divulga en el mainstream.
Jaza»l nos dice en el Masejet Menajot 110a:
«¿Qué significa el pasuk ‘Esta es la Torá (instrucción) de la olá, la minjá…’? Que todo aquel que se ocupa del estudio de la Torá, es considerado como si hubiera acercado una olá, una minjá, un jatat y un asham.»
Esto nos da entonces el sentido exacto de por qué los plebes judíos comienzan su estudio formal de Torá con vayikrá. De igual forma, en la tefilá diaria se estudian los korbanot, no como un acto de añoranza, sino para entender y ejecutar el sentido de calibración mental que tenía todo eso.
Los Jajamim dirán palabras y enseñanzas todavía más contundentes. Miren esto que nos establecen en el tratado de Megilá 16b:
«El estudio de la Torá es más grande que la construcción del Templo.»
Y por si no fuera suficiente, este otro texto del tratado de Horayot 13a establece la posición definitiva para quienes buscamos una tradición judía madura y capaz de perfeccionarse:
«Un mamzer (una persona nacida de una relación prohibida por la halajá) que es un estudioso de la Torá tiene prioridad sobre un Kohen Gadol que es un ignorante.»
Los titanes que han salvado al pueblo judío de su destrucción no han sido los grandes guerreros ni los fundamentalistas religiosos. De hecho, tanto los dogmáticos como los militaristas, en su momento, pusieron en peligro de desaparición al pueblo de Israel, precisamente por su incapacidad de leer la realidad objetiva. No fueron ellos, sino los estudiosos, quienes tuvieron la capacidad analítica y el criterio para entender sus tiempos y democratizar la enseñanza para todo el pueblo. Ezra HaSofer, Rabbán Yojanan ben Zakai, Rabí Yehudá HaNasí, el Rambam, Rashi, Rabí Yosef Caro y Rav Yehudá Ashlag son prueba de ello.
A ellos se suman muchos más, la gran mayoría anónimos, que día a día siguen construyendo el Tercer Templo; una estructura de la cual tal vez no sabemos exactamente cómo será, pero de la que sí tenemos absoluta certeza de cómo ya no debería ser.