En la historia del pueblo judío han habido personas que han salido al paso para enfrentar las circustancias. Y sin duda, una de esas personas que sin su pragmatismo este pequeño pueblo ya sería historia extinta, es Ezra HaSofer, Ezra el escriba.
Ezra עזרא significa ayuda, de la raíz עזר. Y vaya que lo fue. Y vaya que también mucho, pero mucho podemos aprender de su vida.
Tenemos en el libro que lleva su nombre, Ezra 7:10, que su misión estaba clara:
«Porque Ezrá había preparado su corazón para *explicar/investigar (lidrosh לדרש)* la Torá del Eterno, para *cumplir/practicar (לעשת lasot)* y para *enseñar (lelamed ללמד)* en Israel estatuto y justicia»

Qué podemos notar en esas tres palabras resaltadas, además de la lamed ל. Bien, podemos empezar por esa letra y su forma. La forma de la ל representa el ir aterrizando las ideas al mundo real. Y las tres palabras que vemos en el pasuk que define la misión de Ezra son la metodología de la educación.
Estamos en un período muy complejo del pueblo de Israel. No se trata solo de regresar a la tierra y construir de nuevo el Templo. Se trata de volver a darle al pueblo identidad. Y si algo tenía claro Ezra es que lo que hubo antes del Primer Templo ya no era posible, había que tomar la esencia del pasado pero con la perspectiva de las condiciones del momento para que fuera posible dar cohesión a la sociedad.
Ezra es la transición del modelo profético al modelo rabínico, en donde el estudio tendrá relevancia, e irá dejando de depender de las singularidades milagrosas o advertencias de unos cuantos ilustrados. El conocimiento debía propagarse entre la gente.
En el libro de Nehemías (También adjudicado según la evidencia actual a Ezra) en el pasuk 8:8 dice lo siguiente:
«Y leían en el libro de la Torá de Elokim claramente, y ponían atención, de modo que entendieron la lectura.»
Aquí vemos algo fundamental en el texto, y es que las personas, quienes escuchan debían entender la lectura. Y cómo se hace eso, pues educando.
Durante el Primer Templo, el conocimiento de lo sagrado reposaba en la élite de los Cohanim y Levitas, así como en el linaje monárquico Davídico. El grueso de la población se atenía al ritual y consulta directa con los Sacerdotes del Templo.
Aunque se regresaba del exilio y la posibilidad de reconstruir Jerusalén y El Templo elevaba los ánimos, Ezra sabía que perder el centro del ritual ya era una posibilidad, y que sí pasó una vez podía volver a pasar. Es por eso que el foco de la actividad tendrá de protagonista de peso el estudio de los textos sagrados por todo el pueblo. Un Templo móvil, portátil, que cabe en la bolsa. Ezra sin duda se revuelca en su tumba cada vez que nos ve desaprovechar las ventajas que tenemos ahora para estudiar y que desperdiciamos tan gustosos.
En este momento hay que tener claro algo, Ezra no sólo promovió el estudio sino que ajustó los textos a la forma de escritura que hoy conocemos. La Torá y el Tanaj no fueron escritos en la forma de escritura del hebreo que conocemos actualmente. La historia de la escritura de los textos del Tanaj atravesó una transformación fundamental en su alfabeto, pasando del paleohebreo al alfabeto arameo (cuadrado) que usamos hoy, y que era la escritura dominante en Babilonia y toda la región de la Mesopotamia.
El mismo Talmud en Masejet Sanedrín 21b nos dice:
«Originalmente, la Torá fue dada a Israel en escritura Ivri (paleohebreo)… Volvió a ser dada a ellos en los días de Ezra en escritura Ashuri (asiria-aramea/cuadrada).»

Quienes se aferran a una espiritualidad o religiosidad antigua u original son mentes cerradas que sin duda llevarían a la extinción a cualquier pueblo que tuvieran a su cargo. Y lamentablemente muchos rabinos o mores actuales, sobre todo los que enseñan en redes sociales, mienten o hacen como que no existe la evidencia de este pragmatismo histórico y necesario en la historia de nuestro pueblo. Haciendo creer y divulgando que todo lo judío es tal cual fue entregado en el Sinaí.
El pragmatismo de Ezra fue radical y necesario para un pueblo que se diluía. Él entendió que la kedushá reside en el mensaje y no en la tipografía. La Torá se adaptó (de nuevo) para ser legible. Priorizó la accesibilidad a la nostalgia enfermiza. Saludos a todos mis amigos mesiánicos que escriben su Torá en paleohebreo.
El Talmud Masejet Sucá 20a dice:
«Cuando la Torá fue olvidada en Israel, subió Ezra de Babilonia y la restableció.»
No bajó del cielo, de nuevo. La restableció a través de compilar, editar y enseñar los textos de modo sistemático.
Aunque el Segundo Templo ya estuviera en funciones, Ezra puso énfasis en el texto. Sin duda estas bases fueron determinantes para la vida judía posterior a la destrucción, nuevamente, del Templo. Las bases sentadas por Ezra de una vida judía basada en el estudio y la educación permitieron sobrevivir en ese nuevo cataclismo, ahora por Roma. Siendo la figura de Yohanan ben Zakai quien rescataría al pueblo de su destrucción, y al igual que Ezra, haría del estudio de la Torá la piedra angular del judaísmo.
Sin duda, lo que aprendemos de personas como Ezra es que la supervivencia a lo largo del tiempo del pueblo judío y de cualquiera, dependen de la capacidad de adaptar las formas para preservar el fondo ético que da sentido a la vida.